Artrosis

Artrosis

Artrosis

La artrosis o enfermedad degenerativa articular es un trastorno crónico y de origen reumático, caracterizado por la degeneración del cartílago y del hueso correspondiente, provocando dolor articulatorio, dificultad de movimiento de la zona afectada y rigidez.

Propia de las personas de edad avanzada por el desgaste ocasionado por el paso del tiempo en su organismo, sus articulaciones han sufrido un deterioro ya sea por la longevidad del paciente o bien por la existencia de sobrecargas anteriores en esas articulaciones u problemas de tipo reumatoide.

Afecta especialmente a los dedos, las rodillas, la cadera, el cuello y la región lumbar, y no se trata sólo del desgaste del cartílago, sino que hay otros factores que favorecen esta dolencia como los problemas de menisco, ligamentos, musculares o de las membranas sinoviales.

Como concepto cabe no confundirla con la artritis, ya que aún siendo primas hermanas, se trata de dos enfermedades diferentes cortadas por el mismo patrón, si bien su tratamiento y sintomatología difieren.

Principalmente mientras la artrosis es la degeneración de las articulaciones, la artritis sería la inflamación y deformidad de las mismas.

Causas y Sintomatología

Como otras enfermedades degenerativas, la artrosis tampoco tiene una causa principal y por tanto es difícil asegurar su origen. En general las causas del deterioro del cartílago son múltiples, si bien esta dolencia puede clasificarse en primaria si se desconoce la causa que la provoca, o bien secundaria cuando la causa o el deterioro viene provocado por otra enfermedad.

Los síntomas que pueden llevar a hacer un diagnóstico de artrosis serían de dolores en las articulaciones, rigidez de las mismas, molestias durante la práctica de ejercicio, dolor al tacto, y en ocasiones más graves, entumecimiento, debilidad, visión borrosa, vértigos,…

Esto se debe a que tras desgastarse el cartílago, los huesos friccionan entre sí, provocando el propio desgaste óseo, y una sensación de malestar evidente. Dependiendo de las articulaciones afectadas, podría afectar al sistema nervioso, especialmente en la artrosis del cuello y el de la zona lumbar, por lo que ese desgaste dejaría sin elasticidad esa zona, comprimiendo los vasos sanguíneos que allí se encuentran, y con ello provocar efectos como las nauseas, los vómitos, visión borrosa, cefaleas,….

Varios estudios avalados por una gran unanimidad de médicos, creen que los factores que provocan o causan la enfermedad, son:

  • Factores inmunológicos – un fallo en las defensas del organismo que en vez de producir anticuerpos contra sustancias extrañas, actúa atacando e invadiendo los tejidos de las articulaciones.
  • Factores genéticos – Sin ser una enfermedad hereditaria, si que es cierto que existe predisposición genética para contraer la enfermedad en individuos con padres que la han padecido.
  • Sobrepeso – La sobrecarga que deben aguantar las articulaciones en personas con obesidad, hace que éstas se desgasten prematuramente, independientemente de su estructura ósea.
  • Edad – evidentemente a mayor edad más posibilidades de contraer la enfermedad, más desgastadas están las articulaciones y menos capacidad de regeneración tiene su cuerpo
  • Laborales – El uso repetitivo y la sobrecarga mecánica a que se someten ciertas articulaciones en diversos ámbitos laborales, hacen que en función de los trabajos de las personas se den un tipo u otro de artrosis y con más incidencia. Por ejemplo, en trabajadores con un uso intensivo del teclado del ordenador es más fácil desarrollar artrosis en los dedos, mientras que un esquiador o un jugador de fútbol tendrán más posibilidades de tener las rodillas afectadas.
  • Infecciones – Los microorganismos producidos por virus, bacterias u hongos pueden viajar por la sangre y depositarse en las articulaciones afectadas y empeorar los síntomas.
  • De género – Todos los estudios demuestran que la enfermedad afecta tres veces más a las mujeres que a los hombres, si bien ello puede deberse a los efectos de la menopausia ya que a edades tempranas, los resultados se equilibran.

Diagnóstico

El primer diagnóstico normalmente viene dado por el propio paciente, que al conocer los síntomas de esa enfermedad ya acude al especialista temiendo padecer artrosis, si bien en la mayoría de casos son personas que acuden por problemas de dolor, rigidez en las articulaciones, chasquidos de los huesos o con síntomas reumatoides.

Tras llegar a consulta un paciente con dolor en las articulaciones, el médico deberá realizar una exploración física, las radiografías pertinentes y descartar que no existan otros tipos de enfermedades articulatorias o reumatoides.

Igualmente si las radiografías no detectaran la presencia de artrosis, se podría realizar una resonancia magnética, para así descartar otros problemas o lesiones, o bien confirmar la existencia de artrosis o no.

En algún caso puede aconsejarse también la realización de una analítica de sangre que nos facilitaría saber si existe anemia, factor reumatoide, elevada tasa de eritrocitos, si bien en pacientes de edad avanzada no deben ser tomados en cuenta ya que podrían responder a otros problemas derivados de la edad del paciente.

Tratamiento

Casi como en cualquier enfermedad, la metodología a seguir para recetar un medicamento puede ser abismalmente diferente en función del especialista que corresponda, ya que a nivel farmacológico existen varios medicamentos adecuados para tratar dicha enfermedad.

De todas maneras, en la artrosis, aparte de la farmacología debe hacerse unas recomendaciones para el día a día del paciente, y que deben ser seguidas tan a rajatabla como la ingesta de los medicamentos a sus respectivas horas.

En general, el paciente que sufre artrosis deberá reforzar la musculación que rodea a la zona afectada con tal de aumentar la resistencia al esfuerzo físico, igualmente hará ejercicio de recuperación del movimiento articular, en caso de obesidad se realizará dieta para evitar más desgaste sobre las articulaciones, y se hará terapia de contraste de temperaturas en las zonas afectadas, aplicando frío o calor repetidas veces, lo que ayuda a regenerar la elasticidad.

Respecto a la alimentación, se recomendará una dieta que incluya cantidades adecuadas de calcio y proteínas, y en los pacientes con sobrepeso una dieta hipocalórica.

Es conocida la facilidad que tienen ciertos alimentos para formar ácido en el cuerpo, no en vano, la gota no es sino una forma de artrosis. Por tanto se mirará de evitar la concentración de proteínas en el cuerpo, rebajando la ingesta de productos acidificantes como son las carnes, especialmente las rojas, los quesos, los huevos, la harina y ciertos azúcares. Ciertos pescados, el marisco y un exceso de frutos secos tampoco son recomendables.

El seguimiento de una dieta rica en verduras, frutas y ciertas hortalizas, no sólo mejorará nuestra salud general, sino que ayudará a que la artrosis sea menos molesta.

Tratamiento farmacológico

El médico que trate la enfermedad, ante la imposibilidad de recetar una cura milagrosa, ya que la artrosis puede aliviarse pero no curarse, iniciará un tratamiento que inicialmente y siempre y cuando el paciente no presente un estado muy avanzado de la enfermedad, estará compuesto por analgésicos y antiinflamatorios que no curan la enfermedad sino el dolor que ésta produce. En algunos casos se administrarán protectores gástricos para evitar otros problemas derivados de tomar antiinflamatorios.

Por lo general se recetará paracetamol o derivados en todos los casos, medicamentos antiinflamatorios tipo ibuprofeno si hay hinchazón, y en ciertos casos, esta medicación se complementa con infiltraciones en las articulaciones e incluso mediante el uso de corticoides.

En pacientes con articulaciones severamente dañadas y en las que hay pérdida evidente de su función, puede ser necesaria la intervención quirúrgica con el fin de implantar una prótesis articular (artoplastia). La posibilidad de realizar otra cirugía correctora como la artroscopia o la osteotomía deberá concretarla el médico junto al paciente, ya que se trata de cirugías correctoras que no eliminan el problema de por vida y por tanto son temporales.

Tendencias farmacológicas

En los últimos 2/3 años se han venido realizando ensayos clínicos con una mal llamada droga, el sulfato de glucosamina y el condroitin sulfato, y las divergencias sobre los resultados obtenidos hacen que hoy en día no se prescriba de forma masiva.

Estas sustancias ya están presentes en el organismo de los humanos, y en el de varios animales marinos, de los que se extraen, y sirven para formar masa cartilaginosa la primera y elasticidad en las mismas la segunda.

Las divergencias entre los resultados obtenidos en los diferentes ensayos clínicos, así como su clasificación y aprobación por los diferentes organismos de la salud, hacen que a día de hoy no se puedan sacar conclusiones respecto a sus bondades o perjuicios, Así mientras en Europa figuran clasificados como medicamentos, en los EEUU se venden como un complemento vitamínico, lo que conlleva una falta de control médico sobre las personas que lo adquieren.

La función de la glucosamina y del condroitin es suplir la toma de analgésicos, o bien complementarla, ya que los efectos que se esperan de ellos, son entre otros, la reducción del dolor y su capacidad para frenar el avance de la enfermedad.

Ciertas indagaciones mejor o peor contrastadas, por bien que vayan apoyadas por informes y estudios clínicos, vienen a demostrar que el uso de del sulfato de glucosamina retrasa los efectos de la artrosis y disminuye el dolor articular. Se sugiere una mejora en los movimientos articulatorios e incluso una disminución de las deformidades que en casos más graves se producen. Este estudio sugiere que la calidad de vida de lo pacientes sufre una importante mejora, ya que al eliminar los analgésicos y antiinflamatorios a favor de la glucosamina, se eliminan a su vez los efectos secundarios de estos sobre el aparato gástrico y la función renal.

Ahora bien, al ser productos extraídos de los tejidos de animales marinos, para su prescripción debe tenerse en cuenta la posibilidad de provocar alergias y no ser recetado a pacientes con gota.

Igualmente los resultados obtenidos sí dejan una ventana abierta a su utilización, aunque el porcentaje de pacientes que confirman una mejora de su estado no difiere en exceso de los que toman analgésicos.

Otros estudios realizados por organismos y laboratorios alarman sobre el uso de estos dos componentes, y lo hacen apoyados por varios estudios en los que los pacientes tratados con condroitin y glucosamina, no sólo no mejoran, sino que los resultados obtenidos son similares a los efectuados con un placebo, e inferiores los que tomaron ciertos antiinflamatorios.

De todos modos, se asegura que el desarrollo y los nuevos estudios realizados pueden cambiar los resultados obtenidos hasta el momento, ya que sólo en casos de artrosis severa podría verse una mejora mediante el uso de estas sustancias, mientras por el contrario, y pese a ser sustancias que ya están en nuestro organismo, su aporte para tratar la artrosis puede conllevar complicaciones gástricas, flatulencias y problemas de coagulación sanguínea, así como reducir la capacidad farmacológica de medicación destinada tanto a tratar la diabetes como algún tipo de cáncer.

La ineficacia de los tratamientos hechos con estas dos sustancias no debe sin embargo suspender las investigaciones que hay sobre sus efectos, ya que mientras la administración oral de las mismas no ha dado hasta la fecha los resultados deseados, sí se vislumbra la capacidad de mejorar la artritis (no artrosis) en pacientes a los que se les ha inyectado condroitin sulfato.

Es pronto aún para saber que tendencia médica va a prevalecer, o a imponerse como práctica habitual, pero las investigaciones avanzan y debería darse un margen de esperanza en la obtención de nuevos analgésicos y antiinflamatorios, así como en las posibilidades de la glucosamina.

Conclusión

Las enfermedades comunes tienden a ser comprendidas por el conjunto de la humanidad, y así todos conocen, hablan y participan sobre las mismas, sus causas y sus efectos.

La dificultad para crear una regla que mida el dolor hace que la artrosis sea una enfermedad distinta a otras, lo que sugiere que lo que la hace diferente no es su sintomatología, sino la capacidad de cada ser para afrontar el dolor.

Esta enfermedad propia de lo vertebrados, tiende a afectar cada vez a más población, ya sea por la propia longevidad de nuestra especie, como por las actividades que los humanos desarrollamos. Por ello, en los últimos años se han visto relanzadas una serie de conductas hasta ahora arrinconadas y que se han demostrado imprescindibles, y que responden a términos hoy mediáticos como Nutrición y Ergonomía.